Madrileño de 49 años, Jaime Armenteros trabaja actualmente en Cooperación al Desarrollo (ahora en Vietnam). Su afición por la literatura y por los viajes le lleva a describir en papel sus andanzas. Vive en las afueras de Madrid con su mujer y sus dos hijos, y siempre que puede y ellos aceptan, se escapan a conocer nuevas tierras. Si engaña también a los amigos, mejor que mejor. En 2006 ganó el primer premio del concurso Cuentos Interculturales Ciudad de Melilla.
¿TUYO O MÍO?
Aquí me asomo a esta cibernética ventana que Rosa pone a mi disposición para contar, relatar, describir, las estrafalarias costumbres vietnamitas que descubro día a día. Por ejemplo hablemos hoy de calzados, pantuflas, chanclas.
Hete aquí la limpísima costumbre que tienen estos señores de no entrar en casa con el calzado de la calle. Bien pensado en Europa somos unos cerdos, aunque no en toda Europa, porque el otro día me decía aquí una sueca (pues sí toda una sueca), que ellos tampoco entran en casa con el calzado de la calle. Acotando entonces, digo que en España somos unos cerdos, pues hollamos el hogar con la misma suela con la que pateamos las aceras de la ciudad, con toda la porquería que almacenan.
Bueno el caso es que aquí no lo hacen así. Según llegas a una casa vienamita te encuentras amontonados en la puerta los zapatos del personal, y al entrar en la misma, las chancletas (de las de sin dedo) que usan para andar por casa. Estas claro no las sacan nunca fuera.
Hasta aquí todo bien. Lo curioso del caso se da cuando un vietnamita acude a casa de otro. Evidentemente se deja los zapatos de calle fuera, pero no les gusta andar descalzos por las casas, entonces con gran naturalidad arramblan con las primeras chanclas de andar por casa que encuentran. Aquí esto se comparte con salero, el concepto de hongos en los pies ni lo conocen ni les importa.
En resumen que el otro día vino mi oronda casera a hablar con nosotros y cuando me quise dar cuenta se había plantado mis pantuflas, y se había sentado en mi sofá, y así sin apenas poder contener yo la risa, estuvimos discutiendo sobre temas varios de la casa.
Con los cascos de las motos pasa otro tanto. Aquí casi todo el mundo usa este vehículo, te paras a ver la salida de un semáforo y parece la salida de un gran premio de motociclismo, cientos de ellas listas para salir a la vez. Y hace ya unos dos años que el casco es obligatorio, parece que el gobierno se preocupa por los ciudadanos...pues no. No se preocupa un carajo. No se preocupa de que la calidad de los cascos es tan ínfima que los regalan las empresas como en España se regalan bolis, mecheros o memorias USB. Vamos que su valor está al nivel de unas chancletas, y por tanto se intercambian de la misma forma. Estás en la oficina y cuando te quieres dar cuenta alguien se ha llevado tu casco, eso sí al cabo del rato vuelve y lo deja en el mismo sitio, así sin mediar palabra.
Lo peor son los cascos de los Xe Oms. Xe es una palabra que se usa para el conjunto de los vehículos, del movimiento, así Xe May es moto, Xe Oto es coche etc. Como Om es abrazo, Xe Om es algo así como abrazo en movimiento, es decir que alguien te lleva en moto y tu te abrazas a ese alguien para no partirte la crisma. Son los taxi-motos, más baratos y rápidos que los taxis normales, pero más peligrosos también. El caso es que cuando tomas uno, te tienes que poner el casco, y si tu no lo llevas lo cual es de lo más lógico, pues te pones el que el lleva para sus pasajeros, que evidentemente no es malo sino malísismo y además es compartido al día por mogollón de gente, y teniendo en cuenta el calor húmedo que hace aquí, pues no hace falta decir más. ¡Lo mejor es hacerte con tu propia moto cuanto antes e ir así por la ciudad, con tu casco y tus chancletas totalmente mimetizado!
©2011, Jaime Armenteros.