Hola, soy Paulina, seguramente la única colaboradora de esta revista de la que os acordáis a la perfección a pesar de ser la nueva. Eso tiene el sexo, que nunca olvidas a quien te habla de él. De hecho, mi separación se produjo a impulsos porque con mi difunto hablaba mucho de sexo: era un excelente teórico, a qué le voy a quitar méritos al hombre. Tuvimos una hija que tiene ahora 13 años y puedo recordar perfectamente dónde y en qué momento exacto la concebimos. Fue un momento cúspide de nuestro matrimonio, algo memorable: lo estuvimos hablando dos días antes de dar el paso a la cama. Soy tremendamente despistada, pero eso no se me escapó, que conste. Según él, soy una eterna romántica, pero la verdad es que cada vez me hago más práctica en esto del amor y el sexo: mi difunto siempre siempre es bienvenido a mi cama y a eso, por sentimentalismo, yo lo llamo sexo con amor; mi fichaje actual es una revelación, pues estoy aprendiendo con él el sexo sin amor; es decir, el sexo sin inhibiciones y divertido, ese en el que no tienes que estar pendiente de si te habrás depilado bien porque el otro está tan pendiente de otras cosas que o te pones a la altura o te pierdes la mitad del juego y, sinceramente, ahora que estoy descubriendo el verdadero sexo...
Bueno, a lo nuestro... Hoy nos vamos a meter con la B del Séx. Y, desde luego, con uno de los protagonistas de cualquier juego de amor que se precie: el Beso, el besito, el besazo...
Bésameeeee, bésame muuuuucho...
...como si fuera esta noche la úúúúúltima veeeeez...! ¡¡Bésame!!
Con minúscula o mayúscula, todos sabemos lo que es un beso bien dado (con suerte). El beso casto en la mejilla o en la frente (reservado a padres e hijos), el beso en los labios (o primeros besos tímidos de una relación que empieza y que cada vez son menos y empiezan más deprisa, por lo que calculo que a este beso le quedan dos días de vida, no más), el beso con lengua es el precedente inmediato en el tiempo del beso de tornillo (que es el que normalmente acaba por hacerse un hueco definitivo en una relación -con suerte-, aunque hay gente que se queda antes y entonces estás jodido. No literalmente, claro; ya quisieras.
El beso casto en la frente es propiedad intelectual de padres e hijos para demostrarse mutuamente el profundo afecto que los une (sea éste real o imaginario); suelen darlo los padres a los hijos, pero cuando los padres se hacen muy mayores y pierden parte de las facultades a los hijos nos dan ataques repentinos de ternura y cambian las tornas: se los damos a ellos en un intento desesperado de hacerles sentir nuestro agradecimiento, amor sincero y esperanza de que nos duren siempre, nostalgia por nuestra niñez y su juventud, etc.... En fin, que depende de quien lo de significa afecto o sentimiento de pérdida inminente (sea real o imaginaria). EXCEPCIÓN, que la hay como en toda regla: cuando entre dos amantes, legales o no, se da este beso acompañado de un "Siempre te querré" -que suele ser mentira- simultaneando nostalgia con sentimientos de pérdida y esperanza de no pérdida, desde luego que puedes estar seguro de que es la despedida definitiva.
El beso doble en la mejilla, con las bocas de los besantes mirando a poniente, es el que se dan dos conocidos al saludarse en la calle, cuando llegan unos a casa de otros invitados a cenar, etc. También es el que se dan los hermanos entre sí cuando se encuentran, o ahora incluso se lo dan los desconocidos de distinto sexo cuando son presentados formalmente por un tercero.
El beso en la mano suele darlo un caballero al que hoy día llamarían anticuado (se están perdiendo los modales, una pena) a una dama cuando se la presentan o la ve en algún sitio público y ya la conoce pero la respeta muchísimo (es decir, que no tienen familiaridades entre ellos); por ejemplo, el besamanos es el que el director de una empresa debería darle a la esposa del presidente de la misma compañía cuando la ve (any time, any circumstance).
El beso en los labios me encanta, pero se da muy poco ahora; los chicos de ahora van directos al tornillo como primer paso, pero el beso en los labios es muy bonito, porque está diciéndonos que exaltamos ternura, deseo y muchísima alegría en el otro, lo que siempre es un puntazo. A veces se da entre amantes y a veces simplemente entre amigos, como una demostración de un aprecio especialísimo imposible de demostrar con simple beso en la frente o en la mejilla. Claro que también puede ser la despedida definitiva si va acompañado del famoso "Siempre te querré", dependiendo de en qué situación te encuentres.
El beso de tornillo yo creo que es el que más emociones fuertes provoca; es absolutamente sexual, no tiene doble sentido y es una manera no vocalizada de decirle al otro: "Quítate el jersey y bájate los pantalones, que allá voy". Vamos que, aunque no se llegue a término en el asunto, la intención y el resultado natural del beso de tornillo, a poco largo que sea, es la cama -como una forma conocida de llamar a cualquier sitio o situación llevada a mayores, ya sabéis-. Suele ser un apretujón de bocas, con choque de dientes y aplastamiento de labios. Cuando no se puede atravesar esa barrera, y en un intento desesperado de hacerlo, se empieza a salivar y se introduce la lengua en la boca deseadísima del otro y empieza el juego en serio. Puede durar desde un minuto hasta cincuenta -hay hasta concursos-, y casi no se para ni a respirar. De hecho, hay sexólogos que dicen que durante estos momentos el aire no es necesario para el cuerpo humano, que parece alimentarse de aplastamiento de labios y mucha pasión únicamente; parece que es el único momento y situación en la vida del ser humano en que el aire que respiramos no es nuestra necesidad más básica.
Y a partir de ahí, pues nada, lo que queráis: todo es lícito si estáis de acuerdo los dos (o los tres). Ya lo canta Ana Belén: Besos, locura...
(En mi época, si te dabas un besazo de ésos de más de minuto y medio y no dejabas que te metieran la mano debajo de la blusa te ganabas la fama de calientabraguetas. Pero si dejabas que lo hiceran era mucho peor: te convertías en puta y al día siguiente se había enterado toda la pandilla. Y a ver cómo te bajabas de ésa moto...)
Saludos, Pau